17 diciembre 2009


Por entre los escombros de sus brazos
Asoman las ruinas / olvidadas ruinas
Tumulto de historias polvorientas
De mis banderas ajadas
De corazones alambrados
De Logias perennes que siempre
Claudicaron sin retorno a su mentira
Entre la sierra maestra de su pelo
Se enriedan unos dedos / mis dedos
Desconsolados de tintas y teclados
Que buscaron apropiarse
Por una vez / por siempre / de su sonrisa
De aquella sonrisa inconmensurable
Recobrada en una hipérbole de tiempo
De conjuros y desiertos
De cósmicos mundos dibujados
Entre los pliegues de esas sábanas corruptas
Sólo se escriben epílogos
Párrafos finales concluyentes
Que cierran y consuman los textos acabados

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14 diciembre 2009

Ver ACA el informe completo


El escenario es contundente, contra Hannibal Lecter o Piñón Fijo. Néstor pierde.

Me dirán que falta todo el 2010, que en el medio estará el despliegue de una renovada agenda “progresista”, que está la Asignación por Hijo, que la recuperación económica de acá al 2011…

Muchachos, la verdad, cuesta ver cómo se puede cerrar esta brecha, esta fractura, que pareciera tener connotaciones ya más culturales que políticas o económicas.

Cuesta imaginarse que, aunque la economía crezca nuevamente al 9% anual, se pueda revertir la aversión a la persona de Néstor que reflejan estos números.

Podemos cuestionar los números, claro, e imaginar una realidad idílica coincidente con nuestros deseos. Es una elección. Y hasta respetable, reconfortarse pensando que llegaremos salvos a New York para que sea menos angustioso el tiempo de espera del témpano y la hora de subir a los botes.

También, en esa postura, se puede terminar como la orquesta, continuar tocando hasta que el agua comienze a mojar los zapatos… y ya no haya botes. Heroico, sin dudas, la épica de aguantar los trapos hasta el último cartucho seduce.

En el medio aparecerán -ya aparecen- los auditores de la duda. Aquéllos dispuestos a repartir -simbólicos- tiros en la nuca de quienes duden del rumbo, de quienes afirmen ver el témpano en el horizonte, de quienes adviertan que el agua ya va llegando a la cubierta.

Sí, son lo que dirán que la culpa la tuvo el témpano, no el rumbo, ni la velocidad, ni la escasez de botes.

Pero lo que está en juego es mucho más importante.

Está en juego el riesgo enorme de un gobierno de Cobos en el 2011.

Un gobierno gelatinoso. El sustento político de la gobernabilidad de Cobos hace que, en comparación, la Alianza que entronizó a De La Rúa parezca el Partido Bolchevique.

Un Gobierno delante del cual formarán en prieta fila las Corporaciones munidas de sus pliegos de demandas.

La cúpula empresaria pedirá el dólar a 6 mangos, los componentes de la Mesa de Enlace irán con la tijera de podar por las retenciones, y los “mercados” ofrecerán seductores combos de plazos y tasas para reinsertar a nuestro país en el mundo financiero.

Porque, muchachos, un gobierno de Cobos deberá administrar la resultante de todas esas tajadas. Deberá administrar el ajuste del gasto público.

Asusta proyectar las secuelas del daño social que puede causar.

Y nosotros, muchachos, no vamos a estar ordenando filas disciplinadamente esperando el clarinazo de la contraofensiva, conducidos por el ex-presidente patagónico.

Nosotros habremos sido derrotados.

Ni hablar si llega a estar en riesgo la Provincia de Buenos Aires.

El peronismo entrará en una más de sus revulsiones históricas.

Sí, podemos cuestionar estos números que ilustran el inicio. Podemos imaginar que todo es tan volátil… que el peronismo seguirá a Néstor aún y a pesar de sí mismo, porque otro no hay. Podemos hilar conspiraciones encuestológicas, podemos insinuar en voz baja y con tono de avivado la posta sobre estos números.

Al respecto, tengo un deyavú.

Esas especulaciones ya las hicimos antes del 28J.

Y perdimos.

La solución, el recaudo estratégico, la incógnita a despejar, será peronista o no será.

La discusión no pasa por el panglossiano “cómo seguir avanzando”, sino más bien, cómo evitar el daño y sostener algunos de los pilares del proceso.

Poco más.

05 diciembre 2009



Esto fue escrito hace unos cuantos años ya, bajo otros cielos de lo que entonces era otro mundo. Quizá no sea del todo errado compartirlo ahora con los amigos que pasan a tomar unos mates por acá (en una de esas mi amigo, el músico, un día se anime y me compañe con su piano en un recitado -guitarranegresco- de estos renglones).

***

Estoy de regreso por las calles de la noche, por el empedrado de Junio y los laberintos del invierno.

Acá estoy, buscando una mesa, un par de amigos, cuarenta cigarrillos y tres botellas de vino.

Queriendo dibujar en la cuadrícula del mapa de mi ciudad el derrotero interminable de los bares.

Intentando entre las copas reconstruir los ideales, refutar esas teorías, renegar de la existencia, desahogarme de dolores.

Saludar al diariero, militante de la madrugada, querer descubrir en el suplemento del domingo los motivos de la ausencia indescifrable.

Refundar el universo en la mesa del café y descubrir que, aún, estoy vivo, a pesar de todo, y por eso mismo, por estar sentado en esa mesa, junto al ventanal que da a la calle, mirando el desfile de la noche, la comparsa de la vida.

Deseando descubrir en cada abrirse de la puerta a esa amiga, Compañera.

Esa que nunca jamás será más nada, que nada más, que acaso una amiga, Compañera.

Buscándola y soñándola.

Preguntándome por qué, por qué fueron así las cosas, si tal vez hubieran sido, quizá, de otra manera, si era posible, o por qué no, por qué.

Deseándola y odiándola, queriéndola fatalmente, solamente, Compañera.

Apuntalando la resignación de nunca más tenerla entre mis brazos.

Cincelando en mi memoria, incansablemente, aquella vez, única, irrepetible, en que desperté sus besos salvajes, su mirar enardecido, sus dedos en mis mejillas, mi manos en su cintura, el infinito todo en un instante de una sola noche.

Cómo haré ahora para mirarla a los ojos y corresponder a su sonrisa.

Cómo haré para contrapuntear sus comentarios maliciosos.

Cómo voy a hacerlo, cómo poder rellenar el abismo de silencio que dejó, infranqueable y solitario, cómo actuar el disimulo, y hacer de cuenta que nunca, de ningún modo, aquí haya pasado nada.

Cómo digerir su displicencia y su indiferencia, su mirada a la vez cómplice y esquiva, su no decir por qué ni cómo, más terrible y silencioso que la más traicionera de las trompadas.

Le pregunto al cenicero, desbordante de colillas retorcidas, le pregunto por las claves del ser de la mujer, por la inmanencia del destino fracasado.

Le pregunto a los amigos, ignorantes como yo, solidarios en la duda.

Me involucro en el debate de las psicologías, vanidosas de sí mismas, en su inútil y pedante poder explicativo.

Y descubro solamente, al fin, el corolario de su ausencia, de la ausencia de ella misma, Compañera, que no entra por la puerta que se abre, que no me dice ni me piensa, ni acaso me recuerde tomado de su mano.

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