20 septiembre 2010


Cuando las apuestas posibles se fueron agotando, las monedas para comprar cartones faltaban, y los números salían sistemáticamente malos nos subimos al Avión Negro, tomamos distancia, y también altura. Era necesario. Era necesario “despegar”, parar la pelota, desensillar hasta que aclarase. Y lo hicimos. Fue un módico intento pero rindió algunos frutos. Se forjaron algunas lealtades, algunas perdurables, otras –lamentablemente- resultaron tener fecha de vencimiento. Fue una logia de circunstancias. En medio del final de un ciclo, donde lo que había a mano para transitar era decididamente expulsivo –por posibilista o imposible- subirse al Avión Negro hizo posible un metódico ejercicio de la iconoclastia. Aquél principio de la duda que requería Renato Cartesius como metodología de conocimiento suele en ocasiones emerger como ua necesidad visceral, imperiosa. Es como el niño que desarma su juguete, para ver cómo funciona, mas luego ya no le sirve porque en el proceso de desarmado las piezas se rompieron, quedaron desajustadas. Y entonces ya no resulta de utilidad, a causa precisamente de que le fue posible desarmarlo. Así, la necesaria e imperativa iconoclastia de algunos cánones malaprendidos redundó en un tónico vigorizante de la voluntad. Lo cocinado en aquellos intramuros tampoco pretendía sustituir verdades agotadas por otras, se trataba de bucear en preguntas apenas provisorias. Un saldo: archivar los expedientes del positivismo y de las narraciones teleológicas. El futuro no está escrito, ni tiene punto de llegada. La Revolución no es un acontecimiento redencionista, nomás un mito, Soreliano eso sí. Pero nosotros ya teníamos un mito, nuestro, y de eficacia comprobada, como para subsumirnos en otra religión del Libro, en una teleología, cuyos efectos en la militancia cotidiana tenían, por añadidura, efectos colaterales de indeseada perversión. Leímos a Fukuyama, empezamos por el principio del fin (de la historia). Y descubrimos dos cosas: una, que en lo más sustantivo de su tesis tenía razón, y la otra, que quienes lo citaban (pro o anti) eran en su inmensa mayoría farsantes desinformados. Ese momento de refugio, más vale, no va a quedar en ningún libro de historias o testimonios, ni debería. Consistió en un módico juntarse a tomar mate alrededor de una mesa, para terminar varias horas más tarde, alrededor de esa misma mesa, tomando vino, en la conclusión certerísima de haber derribado las “teorías” vigentes. Visto a la distancia no aparece como tan pretencioso. Si nuestra crítica era berreta, más lo eran las “teorías” puestas en cuestión. Pero, como sea, la experiencia amplió los horizontes de posible, nutrió de los pilares de la ética de la responsabilidad. Por fin llegó la hora, arbitraria como todas las horas que llegan, y aterrizamos cómodamente y sin mayores debates internos. Decidimos, casi espontáneamente, abordar una nueva y entusiasta militancia. No fue la definitiva, pero sí un gran “salto hacia delante”. Los tiempos se volvían más tumultuosos. Las armas de la critica y la critica de las armas. Dicotomía irresoluble. Lo que sí, entramos a la cancha como un equipo aceitado. Claro, después el correr de las fechas, los libros de pases, titulares y suplencias, lo fueron desagregando. No importa. Yo estuve ahí.

5 dichos:

Luciano dijo...

Belleza, Ciriaco, belleza. Cuánto hace falta hablar de estos pequeños grandes temitas.

Abrazo

goyo dijo...

Yo también estuve allí, yo también fui parte del avión negro. Lo atrerrizamos para ser (y hacer) el 2001, y también porque intimamente sabíamos que después del fin siempre queda un resto. Salú compay cañete.

octavio.miloni dijo...

Y yo también estuve... No tuve suerte en hacer aterrizar el avión en el Frente de las elecciones del '99, pero bueno, estuve y me mantuve un tiempo.
Hoy varios de los tripulantes estan dispersos, otros, a nuestra manera, seguimos militando. Unos juntos, otros no tanto. Pero talvez lo más importante es justamente lo que resalta Carlos, la siembra de lealtades. Esta siembra se extendió y mas compañeros se sumaron, no al Avión Negro, que de ultimas es lo menos importante; sino que muchos otros compañeros se sumaron a una lógica política de avanzar con lealtad.
Abrazos a la tripulación.

Pablo Ciocchini dijo...

Tato, Goyo, les mando un saludo grande. Qué buenos días!! Cuánto que aprender!!!

Sirinivasa dijo...

Jua! Que linbo que la gente se encuentre.

Psss... nadie cuestionó mi tesis acerca de que Fukuyama dio en el clavo

Con la tecnología de Blogger.
 

Copyright 2010 mazorca.

Theme by WordpressCenter.com.
Blogger Template by Beta Templates.