07 septiembre 2010


Eran tiempos de certezas, de pólvora, del llamado de la historia hecha presente, que convocaba, interpelaba y convocaba, de manera urgente, sin especulaciones ni reparos por el propio destino individual. Eran tiempos ahora inaprensibles, y en cierta manera incomprensibles, tiempos cuya lógica del tiempo y de la entrega no podemos hoy -y más aún desde la distancia generacional- concebir. Apenas hacer una lectura, tomar el testimonio de los vivos, de los que sí estuvieron y compartieron, en algún grado, ese universo de certezas que la historia proveía con fulminante contundencia. Podemos -debemos- tomar el testimonio de ellos. De todos. De los que, como la cínica infame de Beatriz Sarlo, se ponen a diseccionar con pretensa racionalidad objetiva, ésa que cobra becas y cargos académicos sin hacerse cargo de en dónde estuvo. Maoísta renegada, que profesaba un milenarismo redencionista mucho más mesiánico que el de Ramus y Abal Medina, que el de los montoneros, de esos montoneros. Porque el 7 de setiembre cayeron en su ley y defendiéndose a los tiros dos militantes peronistas y montoneros. Y por eso el folklore político posterior nos refiere ése día como el día del combatiente montonero. Historia hoy ajada, bastardeada, descrita como pura épica sin dobleces, o como “locura”. Hagámosnos cargo de la Historia, de nuestra Historia. Cuando Carlos Tejedor se levantó en armas contra la federalización de Buenos Aires murieron en pocos días de combates cerca de 4 mil tipos. Hoy existe un municipio de la Provincia de Buenos Aires que lleva su nombre. Las revoluciones radicales, fueron políticas, pero también armadas, y no con revólveres de sevita. Hoy los radicales son los abanderados de la paz, del consenso y de la temperancia. Todos tienen su sangre y sus muertos. Pero al peronismo blasfemo se le niega el honrar a los suyos. Quizá porque todavía conserve algo de maldito. Menos comprensible aún es que dentro del peronismo se les niegue carta de ciudadanía, que se quiera edificar una necrópolis de la ortodoxia (¿cuál ortodoxia?). La dictadura no tuvo esa sutileza, de discriminar entre “combativos” y “contemplativos”, su propósito fue arrasar con el entramado sociocultural del peronismo, sin matices. Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina fueron dos pibes -eran pibes- que se propusieron nada menos que pelear por el regreso de Perón a la Argentina, por el peronismo, por el socialismo nacional, por tantas cosas… Nuestra lectura de la Historia debiera, más temprano que tarde, dejar de ser timorata y culposa, y hacerse cargo de ellos, de todos, sin matices, sin peronómetros, sin carné de afiliación. Dieron su vida, nada menos.

4 dichos:

Mariano dijo...

Un abrazo

CC dijo...

Gracias por pasar hermano. Saludo

omar dijo...

espectacular!

Esteban dijo...

Excelente para leer y recomendar.
Abrazo.

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