Cuando un coronel de las fuerzas que debían ejecutarlos se acercó a Cuitiño y le preguntó por su último deseo, le dijo con toda serenidad: “Denme una aguja e hilo”. Y cuando le trajeron dichos elementos, empezó a coserse tranquilamente el pantalón a la camisa, lo que explicó: “Como después de fusilados nos van a colgar, no quiero que a un federal ni de muerto se le caigan los pantalones”.
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