06 octubre 2010



Mientras el centro de gravedad de la disputa política pareciera estar en el artículo de una Ley que tiene nulas consecuencias inmediatas sobre la realidad de la plebe de las orillas, hay líneas de fuerza que carecen de visibilidad, pero funcionan y actúan, a veces reproduciendo viejos reflejos aparatistas. Hablo de la herencia del 14 de Septiembre, de quién lo cobra, de quién lo “conduce”, de quien tendrá el copyright de lo que allí se convocó. Primera admisión ineludible: las mil flores habían ya florecido mucho antes de la convocatoria. Las mil flores venían de larga germinación. Seguramente los tiempos de la 125 y la SCA fueron de profusa exhuberancia, seguramente es una nueva generación de juventudes políticas, y lo relevante sea que la experiencia es irreproducible por las formaciones políticas ajenas a la actual ortodoxia peronista. Los pibes florecieron en sus territorios, de manera silvestre y ajena por completo a las internas de despacho y a las disputas por metros cuadrados de escritorios, las que signaron varios de estos años a la militancia de la CABA. Sí que enlazados con, y producto de, la diversidad de encuadramientos locales, por genética peronista, por adhesión generacional, por encontrar un lugar –alguno- desde donde hacer algo para poner el hombro. Las internas de despacho poco hicieron por lo que se cultivaba en los territorios, más bien estuvieron ajenas, entreveradas en sus internas, por ver quién aparecía en la foto, o a quién bendecían las mesas chicas. Muchos recursos, políticos y de los otros, estuvieron a disposición de los capitanes. Pero hete aquí que el ejército se autoconvocó, se autorreclutó, inició su formación de la mano de los sargentos veteranos que les dieron bola en sus distritos, sin esperar convocatorias formales a las Escuelas Oficiales –engordadas de banner y diseño-. Esa Juventud se hizo peronista, y el kirchnerismo se hizo joven. La foto de los palcos refleja ínfimamente la vitalidad silvestre de los territorios. Dar cuenta de la diversidad que la informa debiera ser la primera precaución de los capitanes. Hay quienes hace rato esperan por una conducción orgánica, no por alguien a quienes las mesas chicas designen como jefe, sino por una construcción orgánica de la conducción generacional. Se comenzó tarde, muy tarde, pero sin duda siempre es el tiempo. Post 125 podría haberse pasado el rastrillo por los territorios, asumiendo las diversidades, haciendo Movimiento en el estricto sentido del término, sin embargo fue el apogeo de la microdisputa, de las operaciones internas. Discutir cuán representativa de LA juventud son los jóvenes que se autoconvocaron el 14, creo, es materia de sociólogos con tiempo libre, las vanguardias –en el sentido no leninista del término- son siempre una parte del todo. La construcción orgánica de esa vanguardia como movimiento debiera vacunarla de sectarismos, sobre todo hacia sus congéneres no politizados, sobre todo hacia el peronismo histórico. Debiera prevenir el anclaje folklórico en una historia, parte de la historia, pero historia de otros.

El Yrigoyenismo que accedió al poder en 1916 no constituyó su identidad en la controversia sobre el proceder, correcto o equivocado, de la insurrección de López Jordán en 1870: la última montonera.
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