31 octubre 2010


El aleteo de los volantes y afiches ajados sobrevuela las calles ya solitarias. La tormenta del duelo va arreciando, y los primeros en salir a la palestra son los buitres, no en búsqueda de El Cadáver, que regresó a la tierra en su tierra, sino a rondar los cielos en torno a la Bestia que presumen herida y agonizante. Una vez más en la Historia Argentina será ése el campo de batalla. Puesto que es, en su complejidad, la fuerza motriz que le imprime movimiento y la mecánica que determina el rumbo de la Argentina, la lucha por el peronismo será la que mueva el fiel de la balanza entre el Proyecto de Liberación Nacional y el Proyecto de Restauración Liberal.

Y ello tiene consecuencias bien prácticas. En primer término –porque desde allí se sitúa uno- para las organizaciones y la militancia del peronismo kirchnerista. Estos días ha corrido mucha tinta en torno a la masiva participación de los jóvenes en las exequias del Líder fallecido.

La Sociedad Popular Restauradora reafirma una vez más que una de las tareas principales de las organizaciones del peronismo kirchnerista es la de tramitar de manera impostergable, urgente y acelerada, el pase a la planta permanente del Peronismo de esa juventud (definida sustancialmente no en términos de franja etaria sino generacionales). Si alguna herencia duradera dejará al peronismo el Líder fallecido, ésa habrá sido la revitalización, la renovación de la vigencia, del peronismo, como identidad, como sentimiento, como movimiento nacional – popular vivo y en transformación. Y si la vigencia del peronismo como movimiento real de las masas depende también de periódicas transfusiones de nuevas generaciones imbuídas de mística militante e ideología transformadora, pues es allí, en la Plaza de las Exequias es en donde se condensó la irrupción de esa materia viva para el Trasvasamiento Generacional de nuestro época. De esa inducción del aluvión juvenil al torrente circulatorio del peronismo depende que este no cristalice en una federación de partidos provinciales (que podrá renovar con jóvenes a sus cuadros operadores, sin que ello implique nueva militancia en movimiento). De esa transfusión depende que el peronismo no sea –como dijo Cooke- un conjunto de evocaciones icónicas de un pasado, ya pasado, y vuelto sólo leyenda.

Esa tramitación, además, debiera estar exenta de complejos, en la misma medida que prevenida de mesianismos. Nos tocó, a nosotros, aquí y en nuestro tiempo, no debemos pedir permiso, ni pedir prestadas historias y folklores de otras historias. Ni lo nuevo está hecho de ángeles, ni lo viejo de demonios. El sedimento de ambos cauces arrastra en abundancia lo impuro, y esa es la única realidad, siempre. No es –ni mucho menos- un camino de rosas: no será la batalla bajo el celeste del cielo, plena de Sol, con los pendones coloridos ondeando al viento, los uniformes bruñidos, las arengas heroicas, las cargas a campo abierto, los duelos memorables para registro de poetas; será la mas gris tarea de la resolución número tal, la aprobación del proyecto cual, la recolección de fichas, la organización en su materialidad menos épica, la disputa con los mezquinos, la gambeta de las trapisondas, la política, en fin, la verdad.

El silogismo final es simple: allí, allí adentro, se definen el poder y el Estado en la Argentina (el Poder en todas sus escalas, el Estado en toda su anchurosidad), allí irán los buitres por su tajada, allí debemos estar, allí habrá que dar la batalla, desde adentro, del peronismo.

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