
El acontecimiento semeja un sistema planetario en el cual de pronto desaparece el Sol, todas las orbitas planetarias previas son historia, todo se reformula, nada sigue su curso. El devenir depende claro, de las trayectorias, velocidades y “pesos específicos” previos. Pero nada será igual.
Este Loco de la Guerra de Néstor se murió, y hasta en el acontecimiento de morirse provocó un desmadre de proporciones.
“Llegó hasta acá”, dice un compañero, “y eso fue bastante”. Mas vale, sólo hay que pensar qué habría pasado si el patatús le agarraba, digamos, en Julio del año pasado –sí, luego del 28J- y lo cierto es que estaríamos bajo tres metros de tierra –figuradamente dicho, claro está, esperemos.
Y sí, nada vale lo mismo, nada pesa igual que antes.
Lo primero es que tipos que en las últimas semanas previas eran fuertemente operados como contrapesos y/o competidores de Kirchner, como cuña del mismo palo, ahora tienen su cotización en el freezer. Tipo que sólo valían y pesaban porque contrapesaban, equilibraban, desbalanceaban, a Kirchner, ahora no valen eso.
Kirchner dejó un vacío enorme, tan grande como el que ocupaba en el espacio político. Y dejó al conjunto del peronismo sin una Jefatura ordenadora, sin el tipo que, a las patadas, persuasión mediante, o como fuere, había organizado todo lo más posible al peronismo nacional, encolumnándolo –por buenas o malas- en apoyo del Modelo Distributivo y quilombero.
Tipos que “con fé y esperanza” venían siendo operados, y operando, para condicionar a Kirchner -.y al Proyecto Nacional- ahora no, no valen lo mismo. Valían porque medían, y para pulsearle al Loco de la Guerra su tentativa 2011. Pero ahora lo que tiene vacancia es la Jefatura del peronismo, y ahí hermano no, ni por asomo es capaz de sustituirlo, ni de ser reconocido como su reemplazo natural.
La oposición mediática que salió a primerear postulando la debilidad de la Compañera peca, y cada vez más, de fabular sus deseos.
¿Quién querría quilombo en la Argentina? Esa es la pregunta, y si uno hace un sumario repaso, y piensa en el peronismo real, el gobernante, el que tiene responsabilidades, la respuesta decanta sola. El peronismo real -en su anchurosidad de matices, adhesiones y convicciones- quiere garpar los sueldos a principios de mes, arreglar con los docentes a principios del años que viene, no tener paros ni conflictos, continuar y acrecentar la obra pública… ganar las elecciones en su distrito, tener un(a) presidente(a) propio(a), ganar la Provincia de Buenos Aires. El año que viene es un año electoral, y el peronismo desea gobernar. Paz y administración, y quizá, por qué no, con “fe y esperanza”.
Por demás, y en lo que hace a la debatida “cosecha” del aluvión de adhesiones jóvenes y no tanto, escuché por ahí una alta guasada, pero no por tal menos sugerente: “esto es como el aramburazo… pero al revés”. Con todo lo que ello implica, sólo nos quedaría crecer, y superar la historia.




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