Un ejercicio de subversión respecto de las historias oficiales, de las teorías, las categorías, conceptos y lenguajes con el cual pensarnos. Ese ejercicio tiene por objeto decodificar esas ataduras que la “colonización del pensamiento” nos ocultan. “Descubrir” la verdadera realidad donde nos situamos, nosotros, pueblos perifércos, subalternos, dependientes.
Ese descubrimiento nos orienta hacia dónde caminar, en qué batallas concentrar esfuerzos. Para “rascar donde pica”, y no hacer como sucede con la izquierda liberal, que se empecina en “rascar” donde no pica, con lo cual no sólo no alivia la comezón, sino que la agrava.
Pues bien, el Pensamiento Nacional no agota allí su tarea. También es –debe serlo, lo fue siempre- un ejercicio de revisionismo e iconoclastia sobre sí mismo. Debe revisar y cuestionar sus cánones –que en cuanto devienen cánones ameritan de inmediato su crítica-, sus lugares comunes, los ramilletes de frases hechas en que –necesariamente- se transforman sus conclusiones –provisorias- cuando se entremezclan con la arena de la lucha política.
El Pensamiento Nacional no es –no debe ser sólo- una exégesis de sus próceres. De suyo, el conocimiento de los próceres del Pensamiento Nacional es un camino ineludible, nos muestra el rastro de nuestra Línea Histórica, de sus sinuosidades, sus trazos gruesos, y de lo tenue y confusa que a veces fue. Pero si la tarea del Pensamiento Nacional acabara allí sería incompleta, trunca. Nos alimentaría sólo de un telurismo nostálgico, cual fue la limitación del primer Revisionismo Histórico. Nos dejaría sin armas para el presente. Y por eso el Pensamiento Nacional debe ser saludablemente iconoclasta hacia sí mismo.
El caso –sólo a modo de burdo y grotesco ejemplo- de Fernando Solanas es arquetípico. Solanas propone un “tren para todos” que no es sino reconstruir el sistema ferroviario que tenía la Argentina hace treinta años, cuando lo que necesitamos es pensar, diseñar y ejecutar un sistema integrado de transporte para la Argentina de los próximos treinta años, y cómo contribuye ése diseño al nuestro desarrollo económico soberano.
Pero Solanas se quedó con la lectura cristalizada de Scalabrini Ortiz.
Sí, que no se puede ser moderno sin ser clásico, pero ser sólo clásico redunda en la práctica política concreta, en puro arcaísmo folklórico, o escolástica doctrinal.
Si Solanas hubiera vivido en la década del treinta –como Scalabrini- hubiera propuesto defender la soberanía tendiendo cadenas de una banda a la otra del Río Paraná, cuando el instrumento de sujeción de entonces era el ferrocarril, lo cual no era obvio para muchos y se encargó de investigar Scalabrini Ortiz.
Así pues que pensar el peronismo presente y por venir, también nos demanda desprejuicio, revisionismo y la audacia del pensamiento que tuvieron aquellos Próceres. Si “Combatiendo al Capital” será el camino hacia la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación –postulados mínimos, insustituibles, innegociables, del corpus doctrinal justicialista- entonces no debe inquietarnos revisar los cánones propios al tiempo que conformamos nuestra identidad conociendo de dónde venimos.




2 dichos:
El de Pino es un peronismo fácil, sin fisura ni conflicto. Contradictoriamente él, que es cineasta y debería pensar en el caracter procesual de los movimientos políticos, opta por la imagen congelada de un peronismo idílico, encerrado en el pasado. Y eso es negar la esencia misma del peronismo, su asombrosa capacidad para regenerarse, para realizarse en tiempo presente y adquirir siempre nuevos significados.
Lo mismo que el peronismo o el nacionalismo, pongamos -para usar unas coordenadas no tan apropiadas- llamado de "derecha". Fijaron el ser del peronismo o de lo nacional en una fecha (1845,1945, 1974) o momento histórico particular, y a partir de allí no se permiten pensar progreso ni avance ni novedad alguna. Y cuando una nueva generación se apropia, a su modo, con su lenguaje, con sus problemáticas contemporáneas, de sus iconos, discursos, y temas, de los que se creen "propietarios por divino derecho, entonces, saltan como la inquisición a fulminar a los herejes y defender la correcta observancia del dogma sagrado.
Con la cuestión de "Vuelta de Obligado" ya han aparecido expresiones de ese tipo. Habrá que dar la saludable controversia!
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