08 diciembre 2010



El tipo viene y dice, frescamente, yo maté a Aramburu, y uno lo escucha, piensa en lo que dijo, repiensa, sopesa las consecuencias de lo dicho. Pero, vieja, a Aramburu lo mataron los montoneros, y hace cuarenta años. Pero yo igual lo maté, insiste, ¿entendés lo que te quiero decir? Y uno entiende, claro que entiende. Pero no vieja, acá las cosas no son así, acá para matar a Aramburu hay que tirar unos cuantos tiros, correr riesgos, traspirar la camiseta, ¿viste? Pero bueno, repite, yo digo que a Aramburu lo maté yo. ¿Y entonces? Pregunta uno. Y entonces que la posta la tengo yo. A mí me parece que no, le digo, vos tendrás la posta allá en alguna Puerta de Hierro, en tu vértice máximo de la línea de mando, pero, vieja, acá la posta la tenemos todos, los que habíamos llegado al baile antes que vos, acá no se viene a copar la parada porque mataste a algún Aramburu, acá a Aramburu lo matamos entre todos. Sin que me diera cuenta, veo que me puso un pin colorido en la solapa de la campera. ¿Y esto qué es loco? Y así como así, como si no se diera cuenta de lo que hizo, el tipo responde orondamente, te puse mi pin. Pero loco, yo ya tengo mi pin, no necesito el tuyo. Sí que lo necesitás, retruca. Y sigue, porque si no te quedás afuera, ¿entendés? Ja, exclamo, afuera de de qué, si yo ya estoy adentro, vieja, adentro de mi adentro, ¡yo no me quedo afuera de nada! Y sí, te vas a quedar afuera, porque lo que tenés que entender es que las cosas cambiaron. Jaja, y ahora me río en serio tejuro, mirá vos… casi que no me había dado cuenta, si no me avisabas seguíamos acá como si nada, ¡qué bueno que viniste a avivarnos, che! Y resulta que el tipo se va calentando, creo, porque ya no sonríe, ya no pone cara de bonachón condescendiente. Mirá, las cosas son así, yo maté a Aramburu, y si te ponés en ésa te vas a quedar afuera, porque además… casi todos ya están adentro. ¿Casi todos? repito, ¿Casi todos quiénes? ¿Esos que están allá con el pin? Pero por favor, vieja, si esos son tus todos, andá tranquilo, te los regalo, hace rato que no salen a la cancha, no te digo que sean malos, pero la verdad que si los mandás a cruzar aquélla avenida ¡se te van a perder! Como quieras, se enoja, yo te aviso que te vas a quedar afuera, por ahora las puertas están abiertas, pero no para siempre. Y será… le digo, ¿sabés qué pasa? Que vos me invitás a tu quinta como si fueras el único que tiene semillas, y encima para sembrar lo que vos decidís y como vos lo decís, y lo que no te das cuenta es que, acá, hace rato que crecen flores, y desde mucho antes que vinieras a querer ser jardinero. Entonces, se envara, te quedás afuera, esto no va a gustar nada eh, me amenaza. Y me deja, medio amargado, no por ése “quedar afuera”, sino porque pienso… otra vez…

4 dichos:

Alejandro Castro Gamarra dijo...

Impecable! Sobre todo la parte de «en tu vértice máximo de la línea de mando.» Esperemos que prime la coherencia y esta lógica perversa cambie de una vez, y no tengamos que volver a decir «Otra vez!»
Saludos!

exSirinivasa dijo...

Gracias por el comentario comañero. Esperemos, esperemos... al fin y al cabo a la historia la tenemos ahí delante nuestro para aprender, no?

Vincent Vega dijo...

Buenísimo, (ex?) Siri. Vengo teniendo una sensación así desde la muerte de Néstor, donde todos descubrieron que ahora ser K era ser peronista, y andan midiendo todo con el peronómetro (a pesar de negarlo). Qué lástima que no hacían profesión de fe con Néstor en vida.

ELENA dijo...

Muy bueno, me siento como el personaje de una novela al que le usurparon su historia y algún pillo la cuenta como propia, una historia dificil, dolorosa, recuerdos del miedo, la miseria, la soledad, una historia que nadie usurparía si la hubiera vivido

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