
…o el arte de tragarse sapos.
Se atribuye a Perón haber dicho que en política hay que aprender a “tragarse un sapo todos los días”, lo que es decir, tener que bancarse decisiones, presencias, compañías, discursos y/o episodios, indeseables.
Tan indeseables a veces que nuestras convicciones reaccionan de manera revulsiva, tratando de rechazarlos.
Aunque no queda otra, si es que se desea, y verdaderamente se tiene la voluntad de, hacer política, de ejercitar una militancia real, verdadera y concreta.
Rechazar en absoluto la ingesta de sapos no es otra cosa que pretender que la realidad se acomode siempre a nuestros deseos.
No habría nada malo en ello, sólo que ni en la militancia política, ni –¡ay!- en la vida, podemos dejar de transigir con las duras realidades que condicionan nuestros deseos.
Siempre cabe la posibilidad de “plantar bandera en una secta” –como dijera el Dr. Guevara- y salmodiar in eternum nuestros dogmas, pero de lo que se trata es de pensar exactamente lo opuesto, precisamente a la militancia transformadora, la de verdad, no aquélla que por no poder “cambiarlo todo” acaba por no cambiar nada.
Pero la “gastronomía batracia” puede tener sus sutilezas y matices, claro está.
En éstos días, luego de cierre de listas, cuando muchas vanidades quedan heridas, y muchas pretensiones triunfalistas se disuelven en el aire sin pena ni gloria, como pompas de jabón, no está demás ahondar en ellos.
Acá acerco unas viejas reflexiones acerca de éste “arte”, poco agradable pero inevitable.
Así pues…
- Sí, hay que aprender y estar preparado para tragarse un sapo todos los días.
- El mismo Néstor Kirchner, recordemos, nos sirvió bonitos escuerzos en plato grande, y hubo que deglutirlos porque así lo determinaban las circunstancias, asi que… vamos compañeros y compañeras, no van a andar poniendo carita de asco por algún sapito de jardín que les tocó en esta parada.
- Sí, hay veces en que durante cierto tiempo la única ingesta posible es de sapo, y se bancan los trapos porque no queda otra, porque no hay alternativa, porque no hay otra cosa para llevar a la boca: se necesitan buenas dosis de reliveran, y la fe en que en algún momento daremos con un churrasco.
- Está bien que nos traguemos un sapo todos los días, pero hay que complementar la dieta. De lo contrario nuestro sentido del gusto puede sufrir alteraciones…
- Una cosa es tragar un sapo, sentir gusto a sapo y saber que se está comiendo sapo, otra cosa es hacer dieta de sapo y decir que se está comiendo churrasco.
- Peor aún es hacer dieta de sapo, con color a sapo y sabor a sapo y terminar sintiendo gusto a churrasco.
- Si croa, su piel es verde y rugosa, y tiene sabor a sapo… entonces es un sapo. Si nos tragamos un sapo… nos tragamos un sapo, no intentemos convencer a nuestros compañeros –ni a nosotros mismos- de que estamos comiendo churrasco.
- Porque de esa manera, un día cualquiera, comiendo sapo, vamos a comenzar a creer que comemos churrasco; es más podemos terminar también sintiéndole gusto a churrasco.
- Cuando uno está tragando un sapo grandote, con esfuerzo y ve que un compañero está con cara de festín, sin levantar siquiera una ceja, como si saboreara churrasco, quizá es que ya no es tan compañero.
- Que algo sea un sapo o un churrasco lo define nuestra subjetividad, nuestra identidad, nuestros valores comunes y compartidos con nuestros compañeros. Eso, justamente, compartir la valoración de lo que es sapo o churrasco, es lo que nos hace compañeros.
- Algo que no entiendo es cuando hay quienes rechazan algo porque es un sapo pero apoyan a otro sapo que es hijo de la misma rana que parió al primero.
- Hay estómagos demasiados delicados, no se comprende que es uno mismo, a veces, el que es un sapo que debe ser deglutido por otro, peor para el otro entonces.
- De nada sirve culpar al sapo por tener que tragarlo, hay que revisar –para el caso- cómo es que uno llegó a estar sentado en ése lugar de la mesa en que recibió ese plato.
- Todos tienen el derecho a decidir no comer sapos, pero -como dice Mendieta referido a los cierres de listas- deben al menos reconocer que es necesario e insoslayable; todo bien si a alguien le gusta comer sólo churrasco, o ensaladita de rúcula, pero hay que reconocer que es una posición cómoda y no condenar -y respetar, sobre todo- a quienes se bancan tragar sapos, de vez en cuando, o todos los días.
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1 dichos:
Hola!!! Miré el blog sólo porque ví la foto del tipo comiendo sapo... Que asco!!! No me gusta mucho la política!!! =)
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